La memoria del agua (una instalación de Raúl Zurita sobre Galip Kurdi)

 

Infinitos periódicos internacionales mostraron la misma imagen en su portada el día 3 de septiembre del año 2015: el cuerpo sin vida de un niño sirio de tres años en la costa de Turquía. La fotografía de Alan Kurdi dio la vuelta al mundo y se convirtió en un doloroso símbolo de la crisis migratoria. No era la primera vez que Abdullah Kurdi y su familia intentaban abandonar Siria. Su plan era alcanzar la isla griega de Kos y para ello emprendieron un viaje clandestino el 2 de septiembre. La familia Kurdi junto con otros refugiados subieron a un precario bote neumático que finalmente naufragó en el Mar Mediterráneo. Abdullah no solo perdió a Alan sino también a su esposa, Rehan, y a su hijo mayor, Galip, de cinco años. Abdullah sobrevivió y pudo dar sepultura a los cuerpos de sus seres queridos en Bokani, Siria, el 4 de septiembre. 




La fotografía de Alan Kurdi, realizada por la fotorreportera turca Nilufer Demir, se viralizó inmediatamente debido a la incidencia de las redes sociales. Aun cuando su publicación fue objeto de discusiones editoriales debido a la dificultad ética de exhibir en primera plana la imagen de un niño muerto, es posible que su vertiginosa circulación se explique debido a la ausencia de sangre o de lesiones físicas. La imagen aun cuando presenta un efecto particular de una horrible tragedia humana posee paradójicamente un aspecto de apacibilidad posiblemente insinuado por el recuerdo visual de la pose del sueño o del descanso del menor. Los agentes que rodean el cuerpo de Alan parecen no estar sorprendidos por la muerte de un niño ahogado, quizás porque no es ni el primer ni el último cuerpo infantil que encontrarán en esas mismas circunstancias. El cuerpo de Alan representa a los grupos más vulnerables que sufren los efectos de la guerra y la emigración. Quizás la disposición visual de este cuerpo infantil orillado en la costa otomana a causa de los insalvables embates de las aguas del mediterráneo haya alcanzado el estatuto de una experiencia estética que logra desplazar el horror de la muerte, y con ello, facilitar sus posibilidades de circulación y reproducción; por el contrario, la imagen del cuerpo de su hermano mayor, Galip, ha permanecido en una prolongada reserva. Un intento por recordar la ausencia de su imagen mortuoria se comenzó a gestar en una extraña lejanía. 

El 12 de diciembre de 2016 la Bienal de Kochi-Muziris abría sus puertas en el estado de Kerala. El evento expositivo más grande de arte contemporáneo en la India reunió a más de 97 artistas de 35 países, entre ellos, la presencia del poeta y artista visual chileno Raúl Zurita fue distinguida con la designación de artista principal de la bienal. El artista hizo uso del espacio de una sala de la Aspinwall House -un antiguo almacén de especias- para dar forma a su instalación titulada The sea of pain. Una sala larga y oscura da forma a un estanque fúnebre que exige a sus espectadores despojarse de sus pertenencias para cruzar las oscuras aguas de mar de esta instalación inmersiva. En los lienzos que cubren los muros de la sala se disgregan, como las extremidades de un cuerpo a la deriva, los versos de un poema escrito por el autor 


In the Sea of Pain


Don't you listen?

Don't you look?

Don't you hear me?

Don't you see me?

Don't you feel me?

In the sea of pain


Won't you come back, never

again, in the sea of pain?




Raúl Zurita, The sea of pain, 2016. Créditos de la imagen: Rohit Chawla.

La obra instalativa cruza los dominios de la poesía, la visualidad y el sonido. Quienes se atreven a abordar la obra han de recorren enteramente la sala para dar sentido al poema desgarrado de sus muros, en su marcha el agua cubre y moja sus piernas, y el sonido líquido de su agitación recuerda la experiencia de quienes hacen del mar un medio de huida en busca de mejores condiciones de vida. Esta porción de mar opera entonces como un cementerio provisional de infinitos cuerpos que las guerras y los conflictos geopolíticos han confinado a la inmersión. Algunos de esos cuerpos, solo unos pocos y muy de vez en cuando, se asoman a la orilla de alguna playa para reclamar tardíamente su rito funerario a quienes aún les esperan. Al final de la sala, sobre un muro, se encuentra un texto en el que el artista señala que no existen imágenes del cuerpo de Galip, a diferencia de su hermano Alan. El cuerpo de Galip y su madre aparecieron más tarde. No fueron fotografiados, permanecieron invisibles ante los medios. Situación que los familiariza con los infinitos cuerpos sin rostro que las catástrofes humanas dejan como cifras. Este Mar de dolor es también un homenaje a su figura, a su imagen extraviada. La sobriedad de medios y recursos formales de esta instalación actualiza simbólicamente un gesto de empatía y consternación ante la pérdida de un niño que es a la vez la imagen de todos los niños muertos. Y además recuerda, constituyéndose así en memorial efímero, la presencia de su trágica ausencia. 



Alan y Galip Kurdi

La ONG alemana Sea-Eye renombró a uno de sus tres buques como Alan Kurdi en una ceremonia celebrada a comienzos de febrero de 2019, que tuvo lugar en Palma de Mallorca. La ceremonia contó con la asistencia del padre de Alan y Galip, Abdullah Kurdi, y con su hermana, Tima Kurdi, refugiada en Canadá.

Cada día Alan Kurdi recorre las aguas del Mar Mediterráneo ante la irresolución de las políticas migratorias europeas. Cada noche agudiza su visión y extiende sus brazos, como los versos de un poema que se separan entre sí, para ir en busca de viajeros clandestinos que se desplazan en precarias embarcaciones. Cada día y cada noche Alan Kurdi combate las pérdidas humanas. Transformado en salvamento humanitario, Alan Kurdi ha salvado la vida de miles de hombres y mujeres, de embarazadas, niños e incluso de recién nacidos. El recuerdo de los hermanos Kurdi sobrevive en la decisión excepcional de voluntarios que rescatan diariamente a inmigrantes y refugiados desde el mar. Ellos vencen la muerte inspirados en las figuras de Alan y Galip. Si el agua tiene memoria, desde las profundidades del Mediterráneo sus recuerdos emergen e iluminan, a la manera de los reflejos luminosos de un farol, el camino hacia nuevos horizontes.



Tima y Abdullah Kurdi. Atrás el buque renombrado en honor a Alan Kurdi







Los derechos de las imágenes pertenecen a sus dueños o a las instituciones que las custodian.

Queda prohibido reproducir total o parcialmente esta publicación, por la forma y el medio que sea, sin el permiso de su autor.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Sobre una fotografía de Alfredo Jaar (o una fotografía del genocidio de Ruanda)

Nostalgia de la luz, el documental como museo