Sobre una fotografía de Alfredo Jaar (o una fotografía del genocidio de Ruanda)

 

Durante los primeros días de abril del año 1994 se iniciaba en Ruanda uno de los genocidios más trágicos de la segunda mitad del siglo veinte. El enfrentamiento entre dos de las castas tradicionales de la comunidad ruandesa, los tutsis y los hutus, dejó más de un millón de muertes en el contexto de un exterminio de cien días. La población del país africano contaba con ocho millones de habitantes por entonces. Alfredo Jaar, artista chileno que se encontraba radicado en Nueva York desde el año 1982, decidió viajar a Ruanda. Era agosto, las tropas francesas ya habían intervenido Kigali, la capital del país. Alfredo Jaar produjo más de tres mil fotografías con su cámara. Los testimonios, los sobrevivientes, los ausentes, los restos, las huellas, componen su celebre The Rwanda Project 1994-2010. A continuación, comentaré una fotografía del año 2010, una de las obras con las que concluyó aquel proyecto artístico.  



Alfredo Jaar, Six Seconds, 2010


La fotografía, titulada Six seconds, introduce la figura de una niña que parece emprender o retomar un camino que la aleja del fotógrafo. El encuadre devuelve su figura recortada casi a la mitad de su cuerpo, sus manos se encuentran unidas a la altura de su pecho y su mirada parece descender hacia un punto inferior. Sus pasos no acusan determinación, al contrario, su marcha es vacilante, frágil. No conocemos el nombre de la niña, pero el artista ha comentado la historia de esta fotografía: "Estaba en un centro de refugio y alguien me dijo que esta niña había perdido a sus padres en el genocidio. Entonces fui a hablar con ella, me acerqué pero ella estaba visiblemente perturbada y no podía hablarme, así que se marchó. Solo la vi por seis segundos antes de que desapareciera, así que ese es el título del trabajo, Seis segundos, que es el tiempo que la vi ya que no pude hablarle porque ella se fue. Yo aun quería fotografiarla así que alcancé a hacer una imagen, esta, y resultó así, fuera de foco. Ella se estaba retirando rápidamente, ella no quería hablarme."1

No hay señas de aquella insoportable realidad en esta hermosa fotografía cuya belleza es el resultado de una composición que traza un delicado equilibrio formal afectado por la sinuosa calidez de sus colores, especialmente del verde, del ocre y las notas naranja. El carácter difuso, borroso de los contornos de la figura, su vestido ligero, la atmósfera vaporosa que parece derretir las formas, evocan más bien los rasgos de una calurosa postal estival. Decisiones formales que revelan el relieve crítico de Jaar en torno a las políticas de las imágenes. El horror de la muerte y la orfandad que experimenta la niña de la fotografía exceden las posibilidades de representación de los recursos visuales; quizás su silencio, su imposibilidad de hablar, su partida sí pueden espejear su catástrofe, pero aquello permanece fuera de la imagen, resulta invisible para sus espectadores. Justamente, los textos que acompañan las obras de Jaar apuntalan retóricamente aquello que las imágenes no pueden decir. Como resultado más evidente, Jaar acusa en este caso la condición de infidelidad y artificiosidad de las imágenes respecto de la realidad. Se trata de la autonomía de estos artefactos, de su compleja relación con la verdad y la ficción. 

Es difícil. Esta escueta expresión ha acompañado la puesta en escena de esta fotografía que entonces adquiere el estatuto de una obra instalativa. Es difícil representar por medio de los artificios del arte los efectos de un exterminio sin participar de la "pornografía del horror" que han cultivado los medios y la prensa. Es difícil registrar episodios de extrema violencia, producir imágenes de ellos, ante el imperativo ético de la intervención. La obra de Jaar ha sabido responder aquel dilema con la articulación de estrategias que interpelan e incorporan a los espectadores en las tragedias que observan y, de este modo, compartir el dolor y la responsabilidad. Es difícil dar forma artística a estas tragedias, pero alguien debe hacerlo. Recuerdo una frase cuya autoría olvido: "el buen arte habla de cosas importantes". El silencio, la omisión, la indiferencia son formas de complicidad.    
                                                                                                                                                                    

                                                        Alfredo Jaar, Six Seconds, 2010                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                      

1. La cita procede del documental Jaar el lamento de las imágenes. La traducción es mía.   

Todas los derechos de las imágenes pertenecen a sus dueños.
                                                                                                          
Queda prohibido reproducir total o parcialmente esta publicación, por la forma y el medio que sea, sin el permiso de su autor.                                                                                                                                                                                                                                                

Comentarios

Entradas populares de este blog

La memoria del agua (una instalación de Raúl Zurita sobre Galip Kurdi)

Nostalgia de la luz, el documental como museo