El encuentro de un desencuentro (sobre Ejercicio Forense, de Arturo Duclos en D21)

 

Comienzo este blog con un texto que escribí en el año 2016, con ocasión de una exposición del artista nacional Arturo Duclos realizada en la Galería D 21 (Providencia, Santiago). Esta reseña tuvo dos intentos fallidos de publicación. Finalmente, decido publicarla aquí para dar inicio a este espacio de escritura crítica, tantas veces pensado y luego descartado. 

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Decido comentar una exposición de Arturo Duclos sin conocer su obra. Para aproximarme a su trabajo acudo a un libro. Es uno de esos libros recopilatorios de arte chileno contemporáneo, hecho al estilo de un catálogo y con el peso de una historia del arte. Empiezo a observar su trabajo, van apareciendo pinturas extrañas, híbridas, obtusas. Imágenes de difícil aprehensión pues hacen suyas diversas tradiciones iconográficas que se reúnen en una sola superficie. 

No encuentro nada de aquello cuando visito la galería D 21. Al contrario, atisbo una serie de fotografías dispuestas en una limpia muralla blanca. Las fotografías que muestra esta exposición tienen en común el tamaño mediano, una sensibilidad con tendencia a la nostalgia y la reiteración de ciertos elementos. De ellos, son dos los elementos que acompañan a estas fotografías en toda su disposición en la galería: un verso de un antipoema (Hay un día feliz, 1954) de Nicanor Parra y la madera.



Arturo Duclos, registro de Intervención de paisaje 1, 1981, 37x55 cms. Fotografía: cortesía Galería D21.


"Lo reconozco bien, este es el árbol/ Que mi padre plantó frente a la puerta" es el verso parriano que cruza diversos objetos y soportes de estas fotografías de principios de 1980. El verso, arrancado como una hoja de un árbol, va cobrando nueva vida en los papeles en que se inscribe y se adosan a los árboles y escaños de una plaza; el mismo verso transita por un aserradero y se lo observa sobre una caja de madera, montículos de aserrín, medios troncos y tablas. Este verso es también visto entre sillas de madera, caballetes y cuadros sin tela. A partir de la afanada circulación del verso parriano por distintos lugares, los ecos del verso, -la evocación del reencuentro que anuncia ese hablante lírico respecto de su tierra natal- conforman la escenografía de una tragedia en la que el árbol parriano se ha diluido en los productos obtenidos por la industria maderera. Aquel desarraigado árbol chillanejo "de la juventud primera" regresó de modo irrecuperable en la forma de un patrimonio que es funcional a las necesidades de un país. 


Arturo Duclos, Silla 2, 1981, 37x55 cms. Fotografía: Cortesía Galería D21. 


Confieso que me produjo cierta molestia descubrir que el mismo artista había escrito el texto del catálogo que presenta su exposición. El fundamento radica en la tradición de ceder la palabra a un crítico que pudiera elaborar una nueva perspectiva de lectura. Luego de leer el texto creo haber comprendido la concentración del discurso y fue inevitable convenir en la importancia de encontrar con aquella facilidad la voz de un artista. Para quienes estudiamos las obras de artistas que murieron hace siglos, el hallazgo de alguna carta o documento que devuelva la lejana voz del autor resulta un episodio en extremo fundamental. Por el contrario, esa voz autoral hay que buscarla pacientemente en diversos archivos, hasta que aparezca, en el caso de que exista. 

En algún momento de la visita, la incrustación del verso parriano en diversos soportes y zonas pareció encontrar un lugar de especial rendimiento en torno a cierto tipo de objetos, cuya procedencia se circunscribe al ámbito de la educación. Una silla de madera, la clásica silla de la educación pública, un conjunto de pupitres de madera, un bastidor y un caballete vacío, objetos que conforman un imaginario de la educación artística pública. Todos ellos abandonados, arrojados a su suerte en un espacio de rasgos pueblerinos y cuyo enfoque pareciera insinuar la pregunta por el destino de un problema aún irresuelto. 

No dejo escapar el título de la exposición. Estoy consciente que la presentación demorada de este trabajo de Arturo Duclos trae consigo una voluntad de justicia. Una operación forense que busca interrogar un diagrama cultural en el que estas obras habrían sido progresivamente olvidadas debido a su condición de producción "temprana" y situadas en una relación de secundariedad respecto a la producción de la escena de "avanzada". Pienso que toda exposición es un hecho histórico en ciernes que hace suyo un ajuste de la historia del arte, en este caso, la del arte chileno contemporáneo. La emergencia de estos "documentos fotográficos" (como los refiere Arturo Duclos), producidos hace más de tres décadas, evidencian su inconclusa inscripción en torno a su contexto de producción. El mismo autor señala que estas imágenes se exhibieron en octubre de 1982 en la XII Bienal de París. Luego de aquel hecho estas imágenes permanecieron guardadas por 18 años hasta que fueron expuestas en el año 2000, en el contexto de la exposición Chile 100 años, en el Museo Nacional de Bellas Artes. La actual exposición en D21 interrumpió otro periodo de 16 años de invisibilidad. 

Finalmente, decido rehuir de la interpretación que ha señalado el empleo de una metáfora en estas obras de Arturo Duclos. Aquella metáfora emerge en la indicación de un cuerpo social desarticulado y agredido que iría develándose en la significación de las estrategias compositivas de Duclos. A partir del uso del fragmento, la viruta, lo que casi no se palpa y que por lo mismo complica la recomposición de una escena. Me instalo, en cambio, en las inevitables posibilidades que provee el cruce del verso parriano con las imágenes fotográficas que han registrado las intervenciones de Arturo Duclos. Pareciera que en las imágenes de esta muestra no hay presencia humana, aunque si la hay, está en un número muy reducido y en un plano más lejano. Las hojas que llevan grabado el verso parriano fueron dispuestas -al modo de un aviso- en decenas de árboles en una zona de Santiago. De los transeúntes del periodo, ¿quiénes atendieron la seña de reconocimiento? ¿alguien habrá decidido oír el distante llamado del hablante lírico?, quien ya había consumado un reencuentro pese a los desencuentros en el tiempo subjetivo, el de la naturaleza y el de la historia. Creo que la irrupción de estas imágenes en la actualidad intenta posibilitar las condiciones de un reencuentro detenido, en el que ellas se exhiben sin ninguna exigencia ajena. Quizás luego de quitar la sombra, este cuerpo de obra pueda despedirse, pero no sin antes conquistar las últimas miradas, no sin ejercer su derecho de expectación. De cualquier forma, la vida de las imágenes excede cualquier decisión administrativa y mediante insólitas fórmulas ellas asaltan al presente, en forma de espectros visuales o mediante renovadas lecturas. 



Queda prohibido reproducir total o parcialmente esta publicación, por la forma y el medio que sea, sin  el permiso de su autor. 


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