Sobre La llegada (Arrival)

 

"Si pudieras ver toda tu vida, de principio a fin...¿cambiarías algo?", quizás esta pregunta tan poderosa como inasible logra cristalizar la trama de la película La llegada (Denis Villeneuve). Louise Bank es una prodigiosa lingüista que debe asistir al gobierno norteamericano ante la irrupción de un conjunto de doce naves alienígenas que se encuentran suspendidas en los cielos de distintos países. Ella junto a un científico son los encargados de descifrar el lenguaje de los extraterrestres. Para ello, Louise y su compañero deben adentrarse en la oscura nave pétrea. En su interior, dos fascinante criaturas esperan a los expertos para trasmitirles sus mensajes. El aprendizaje parte desde cero hasta que Louise logra comprender por completo su lenguaje, el que, además, trae consigo un regalo invaluable: la posibilidad de ver la vida sin limitaciones temporales, es decir, de principio a fin. La pregunta cobra sentido: si pudieras ver toda tu vida, de principio a fin...¿cambiarías algo?

El lenguaje que las enigmáticas criaturas le regalan a la humanidad permite abrir el tiempo y con ello la posibilidad de incidir en nuestro destino. ¿No es acaso la fantasía que más ha añorado la humanidad desde su nacimiento? La llegada es una película inteligente, al presentar formas de vida extraterrestres alejadas del manido cliché de la ciencia ficción y sensible porque la respuesta que propone nos invita a abrazar por igual los triunfos y las desolaciones de nuestras trayectorias. Quizás su desafío más provocador apunta a pensar las formas en que el lenguaje determina nuestras posibilidades de pensamiento y comprensión. El lenguaje es siempre un viaje en múltiples direcciones. 






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