La excavación: de la tierra al cosmos

 


Mrs. Pretty, una extenuada viuda inglesa logra contratar a un arqueólogo autodidacta para escarbar las llanuras de su imponente finca. La impulsa un deseo, quizás una intuición: la posibilidad de un hallazgo, no para conmocionar a la comunidad arqueológica, lo que finalmente ocurrió, sino más bien para trascender. Es justamente la posibilidad de trascender en el tiempo el principal tema de la película La excavación (2021), de Simon Stone. Cuando la Segunda Guerra Mundial está a punto de estallar en Europa, pareciera que la idea de excavar las tierras de una terrateniente que vive con su pequeño hijo y empleados no se corresponde con la urgencia del contexto. Nada más equivocado. Basil Brown es el encargado de la excavación, un hombre sobrio y silencioso que carece de formación pero no de entrenamiento. Su padre le enseñó a excavar desde que era un niño. Por su parte, Mrs. Pretty también había excavado la casa de su niñez junto a su padre. A ambos personajes el pasado les habla, y ellos son sensibles a su llamado. De pronto el pasado se deja ver. Se trata de un barco enterrado bajo un montículo de tierra. Mientras la excavación sigue su curso, Mrs. Pretty recibe un desalentador diagnóstico que revela su precario estado de salud. Las posibilidades de trascender se alejan. La ciudad parece confirmar la situación. Los militares resguardan los monumentos para evitar su eventual destrucción. La situación empeora cuando Brown se entera que el control de la excavación ha sido entregado al British Museum. Pese a ello, Brown continúa formando parte del nuevo equipo ahora dirigido por un arqueólogo profesional, Mr. Phillips. De pronto, una joven arqueóloga descubre un hermoso anillo de oro, al que se suman collares, brazaletes, escudos y monedas, como la que desentierra Brown y data hacia finales del siglo VI. Mr. Phillips lo confirma. El barco sería de la época anglosajona, cuando los pueblos germánicos invadieron Gran Bretaña. En la finca de Mrs. Pretty yace un barco funerario de la Edad Media repleto de sofisticados artefactos que iluminan el pasado. 

La arqueología opera en La excavación como un impulso vital en momentos que la muerte se presenta como una amenaza instalada por la guerra o la propia finitud humana, adelantada por la enfermedad. Irónicamente, cuando la muerte se torna cada vez más cercana, el deseo de permanecer y trascender también se vuelve más poderoso. El pasado permite acercarnos a una dimensión de verdad respecto de la experiencia humana. Desenterrar el pasado es enfrentarse con la muerte, la de la humanidad y, por lo tanto, la nuestra. Pero esa proximidad trae consigo un recordatorio. Somos parte de una historia de continuidad. Somos los lejanos parientes de esos hombres y mujeres que grabaron sus manos en los muros de una cueva.

La historia que recrea La excavación está inspirada en hechos reales. Edith Pretty supervisó la excavación de Sutton Hoo por dos años. Cuando finalmente se desenterró lo que parecía ser un barco fúnebre de 27 metros de largo de una importante autoridad, quizá un rey anglosajón, la importancia del hallazgo adquirió gran notoriedad por su antigüedad, anterior a la conformación de Inglaterra. Con el paso del tiempo, se lo ha calificado como el descubrimiento más importante de la arqueología británica. El exquisito ajuar fue donado íntegramente por Pretty al British Museum hacia el año 1939. Durante la guerra, el tesoro de Suttón Hoo fue ocultado en los depósitos de una estación de tren en Londres. El nombre de Basil Brown, al parecer ignorado inicialmente, reapareció desde 1985 en la sala 41 del museo, dedicada al hallazgo de Sutton Hoo. En las últimas décadas, el trabajo arqueológico de Brown ha comenzado a ser estudiado y reconocido. En cuanto a Pretty, ha sido considerada como una de las más grandes benefactoras del museo inglés. Su monumental donación hizo que Winston Churchill la nominara con una Orden del Imperio Británico, que ella declinó. 












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